sábado, 13 de febrero de 2016

Papa y desmantelamiento del Estado Laico.



La visita del Papa Francisco y el desmantelamiento del Estado Laico.
Por Eric List
Es complejo opinar, no siendo católico en un país mayoritariamente católico, sobre la visita del Papa. No quiero caer en la equívoca sensación, generada en las redes sociales, de que hay un gran movimiento que se opone o es crítico a esta visita. Las redes sociales son una ilusión, de ninguna manera representan, como a menudo quieren hacernos creer, a la sociedad civil. Nuestro país es intensamente católico. No voy, por lo tanto a fingir demencia, y pensar que la visita del Sumo Pontífice, no es significativa, grata y hasta motivo de consuelo para mucha gente buena del país. En cambio si voy a criticar la hipocresía política que rodea a esta visita.
Los políticos mexicanos, de todas las tendencias, están demostrando un intenso desprecio por la institucionalidad ante la visita del Papa Francisco. Éste de entrada no está visitando el país como un Jefe de Estado, sino que viene en una visita supuestamente pastoral. Sin embargo, el Presidente de la República va a recibirlo en el aeropuerto y pretende, después, una ceremonia con el Papa en Palacio Nacional. La primera Dama se ostenta como la organizadora de homenajes discográficos, con los artistas de Televisa, para el más alto prelado de la Iglesia de Roma. Cuando termine la visita “pastoral” del Papa, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, habrá entregado las llaves de la Metropolis a “su Santidad”; los diputados de todas las fracciones, que le extendieron una invitación a la Cámara de Representantes de la Nación, habrán dado a un líder religioso un trato que no le dispensarían a otros líderes religiosos, políticos o sociales; los Gobernadores de los Estados por donde el jerarca religioso va a pasar, habrán derramado recursos de este país en crisis, para generar un camino escenográfico para el paso del famoso “papamóvil”.
Todo esto nos habla de desintegración institucional. Los políticos se olvidan que este es un Estado Laico. Dentro de esto, cierran los ojos al costo humano que ha pagado el país por lograr esta simple, pero básica característica de la civilidad.
Hay que recordar qué es un Estado Laico. De entrada es un sistema que no es anti religioso. Mucha gente se sorprendería en México al descubrir que “laico” no quiere decir “anticlerical”. Ser “laico” simplemente significa no pertenecer a la estructura institucional de alguna denominación religiosa. Laicos en nuestra sociedad somos todos, salvo los curas, las monjas, los obispos, cardenales, rabinos, pastores protestantes, etc. Dentro de esto hay que aclarar que la mayor parte de los “laicos” en esta sociedad profesan alguna religión. Hay laicos católicos, protestantes, judíos, budistas, musulmanes y ateos. La religiosidad, que es muy respetable, nos separa en grupos diferentes; la laicidad nos iguala.
En una República democrática, como debería ser México, la ley se ha formulado para que todos los ciudadanos seamos iguales ante el sistema. Un católico no debe tener más derechos dentro del Estado, que un protestante, un judío, un ateo o cualquier miembro de un culto o creencia diferente.  El Estado nos da, supuestamente, igual ciudadanía. Lejos de ser, como algunos afirman, un terreno para la persecución religiosa, la laicidad es la que asegura (por eso nació), que no exista ese horror que tantos muertos ha causado a lo largo de la historia.
Actualmente la mayor parte de los países son laicos. Sin embargo hay una tendencia regresiva en muchos puntos de la geografía planetaria, a su contrario: la teocracia. Así, como un ejemplo, algunos Estados del Medio Oriente y Asia han generado recientemente Estados Islámicos, donde tan solo unos años antes había Estados Laicos. En éstos, ser Cristiano implica una ciudadanía de segunda. Simplemente no existe un derecho igual para todos los habitantes de esos países, y en cambio hay evidentes privilegios para unos y discriminación para otros. La discriminación puede en casos ser hasta peligrosa. Por ejemplo tengo entendido, que en esos Estados musulmanes, el ateísmo está criminalizado, ciertas prácticas sexuales no aprobadas por las autoridades religiosas lo están también y otras muchas cosas y costumbres, como la plena ciudadanía de la mujer, simplemente se niegan en una ley formulada bajo la óptica de un credo específico. Un Estado religioso o confesional simplemente es contrario a la diversidad de creencias.
Análogamente en nuestra sociedad, grupos religiosos extremos, pugnan por diferenciar los derechos civiles de personas con preferencias distintas, por acotar la libertad de las mujeres sobre su propio cuerpo, por censurar algunas manifestaciones culturales diferentes a su visión del universo, entre otras cosas.
Cuando los representantes de un Sistema Político actúan demagógicamente para mimetizarse con las creencias de la mayoría, olvidando o dejando de lado su deber de representar a las minorías también, entonces el Estado declara, inherentemente, subordinación a los intereses de una entidad institucional, extra-estatal y extra-nacional. Un Estado subordinado es un Estado cuasi inexistente; sus ciudadanos, vasallos de otra ley.
Las sociedades sanas deben saber distinguir con claridad aquello que es de orden religioso y aquello que es civil. Son realidades que tienen que estar separadas y delimitadas. No deben ser contrarias para aquellos que son religiosos, sino complementarias. Para los que no lo son, sana y pulcramente respetadas. Para los que profesan distintas creencias, deben ser generadoras de convivencia igualitaria y equitativa, sin importar su demografía.
Cuando los políticos en su puesto olvidan la distancia institucional (personalmente pueden comportarse como quieran) que deben mostrar ante la religión, no se están acercando al pueblo, como nos quieren hacer creer, sino que se están alejando de su deber. Están cayendo en una demagogia peligrosa que desdibuja los límites de la ley y que traiciona su deber jurado ante la sociedad. Están protagonizando un fraude, un mal uso de funciones; están delinquiendo alevosamente.
Yo me quedaré siempre con el pensamiento de aquellos que han sabido delimitar sanamente los diferentes ámbitos del quehacer, creer y de la convivencia humana, en orden de procurar limpieza, armonía, igualdad ante la ley, paz y concordia. El teórico más antiguo que me viene a la mente, que entendió y predicó la separación entre Religión y Estado, es aquel que dijo: “Dad al cesar lo que es del Cesar y Dios lo que es de Dios”. A su vez el Religioso más antiguo que aparece en mi memoria, que entendió esa misma separación, es aquel que afirmó: “Mi reino no es de este mundo”… ¿Lo habrán leído con cuidado los políticos mexicanos y el Papa?

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